Redescubriendo los dinosaurios: Balance del 13° Festival de Lima (Parte 3)
Jueves, Septiembre 3rd, 2009
Por Juan José Beteta*
En 1993 Steven Spielberg estrenó Jurassic Park, la primera película de una saga que puso a los dinosaurios en pantalla gracias a espectaculares efectos especiales que atrajeron millones a las salas de cine. Sin embargo, aquí en Latinoamérica también teníamos nuestros “dinosaurios” y con la ventaja de que no son clonados, sino auténticos. Se trata del cine cubano, para muchos una antigualla que se repite año a año, el cual –sin embargo– también tiene una tendencia a llenar salas, pese (o, quizás, gracias) a un manejo más que notable de los formatos de género tradicionales. Muy tradicionales para el gusto de una crítica que pide justamente ese contacto con el público, pero que tiende a ignorar o condenar toda alusión a la experiencia histórica en el cine. Es por ello que ha llegado la hora de prestar más atención a esta cinematografía y revalorizarla, sobre todo luego el éxito obtenido por El cuerno de la abundancia, de Juan Carlos Tabío, ganadora del Premio del Público.
Premio del público: El cuerno de la abundancia
Esta cinta tiene una estructura dramática notable en varios sentidos y sigue el esquema narrativo de la “búsqueda del tesoro”. Empieza con un narrador –mediante un raconto– que, al mismo tiempo, es el protagonista principal de lo que, por otra parte, es un filme coral. Bernardito nos introduce al tema de la presunta herencia de los Castiñeiras, dejada por unas monjas, allá por el siglo XVII. Aquí se plantea el primer conflicto, que es el convencer al viejo patriarca comunista de la localidad, Pipo, padre de Bernardito. Logrado este objetivo se pasa al segundo gran obstáculo: juntar a los Castiñeiras “con i”, junto a los Castiñeiras “con y”; que representan a dos grupos enfrentados dentro del pueblito cubano de Yaragüey. Luego de superado este segundo gran obstáculo se hacen los preparativos para la inscripción de los supuestos beneficiarios y finalmente viene el previsible desenlace; seguido por el reinicio del mismo ciclo inicial, con el que concluye el filme.
Esta tercera parte presenta, en paralelo, el desarrollo de un trío de desavenencias e infidelidades conyugales parcialmente cruzadas, cuyos antecedentes se presentaron en las dos primeras partes. Por tanto, esta tercera parte se subdivide en dos: 1) el viaje a La Habana de Bernardito y su amante Zobeida y 2) la llegada de la Comisión Nacional a Yaragüey, el matrimonio de Yurima, el desenlace de los tríos y el final del raconto. Sin embargo, estas subpartes consecutivas están amarradas a la línea narrativa central: la herencia. Ya que Bernardito acepta a Zobeida en parte porque sabe que la puede manipular para participar de la herencia y porque a raíz de la inscripción en La Habana es que ellos son descubiertos; mientras que el matrimonio de Yurima es parte del endeudamiento masivo de los Castiñeiras y oficia de ocasión para los citados desenlaces.
Por Juan José Beteta*
Por Juan José Beteta*
La sensibilidad de Sebastián Silva (grabó la película en casa de sus padres, donde se crió de los 10 a los 20 años) para la comunicación de cuerpos en contextos caracterizados por la inestabilidad, sortea brillantemente los estereotipos psicológicos y se anima incluso a introducir un dispositivo lingüístico (como lo hicieron en su momento los grandes teóricos de la comunicación humana en la terapia familiar) llamado Lucy, que aparece para cumplir una función mayor en un momento determinado, respondiendo a una emergencia. Lucy se inscribe como dispositivo en un juego de poder, obedeciendo una ética en medio de los recursos somáticos de Raquel (la nana que viene trabajando 23 años con la familia y no duda en hacer imposible la vida de las muchachas que llegan a trabajar con ella): Hagas lo que hagas, haz siempre lo contrario. Y así Lucy se desnuda en el patio de la casa cuando Raquel la deja fuera. Llora desesperada cuando Raquel pierde el sentido. Y agradece el mal trato invitándola a pasar Navidad con su familia. Porque La Nana es sobre todo una puesta en escena del self, donde lo complejo se transforma en unidad, lo oculto en visible, lo difícil en facilidad. La Nana nos ha devuelto un cine de interacciones en el mismísimo mundo de la vida. Sí, interacciones, como en el cine etnográfico. Interacciones de seres humanos en su medio ambiente social. La historia descubre con inteligencia que la personalidad es un mito y que detrás de los grandes cambios solo existe el lenguaje (la lógica de la razón es la peor de las disposiciones. El ser humano es paradójico). Silva está muy cerca de la ética del amor y el reconocimiento de los Dardenne, filmando una historia de seres humanos en movimiento, focalizando lo inestable, lo fluido, lo cambiante, documentando cuerpos de personas ordinarias en situaciones ordinarias y condiciones igualmente ordinarias.
Excursiones representa un retroceso para la obra de su director, Ezequiel Acuña, y no porque se trate de una mala película, para nada, sino por su esencia adolescente. Marcos y Martín son dos amigos de infancia que pierden contacto a causa de la tragedia de un tercer amigo con el cual completaban un trío inseparable. Sus vidas han tomado rumbos distintos y la posibilidad de que uno de ellos dirija una obra de teatro será el pretexto perfecto para motivar su postergado rencuentro. Si bien la historia de esta amistad -tomada a partir del cortometraje, Rocío, filmado hace diez años por el mismo Acuña - se desarrolla en un principio con soltura, puesto que el director de Nadar Solo sabe de lo que está hablando, cuando se torna explicativa, cuando la comedia deviene en drama, pierde la chispa -aunque, a decir verdad, no tuvimos la fortuna de disfrutar de la comicidad de la cinta tal como lo hizo la mayor parte de los asistentes a la presentación, quizá porque su humor era un tanto localista- o en todo caso cuando se centra en la pareja protagónica a expensas de personajes secundarios hilarantes en su extrañeza, como el amigo de Martín que termina colaborando en la concepción de la puesta en escena de la obra o el líder de la banda que ensaya en su casa. Hay que decir también que la música incidental explicita sobremanera lo que se dice con las imágenes y que la utilización del mismo blanco y negro del cortometraje que motivó la película no hace más que confirmar la apariencia estudiantil de estas excursiones.